Las fuerzas occidentales en la segunda mitad del siglo XVI

    Venecia Después de su derrota en Préveza en 1538, las fuerzas que formaban la Santa Liga, es decir el estado Papal, Venecia, Génova, el imperio de los Habsburgos y el estado de la Orden de Malta, tuvieron que hacer frente por un lado al fracaso de su esfuerzo común y por otro a cuestiones internas, cada uno en sus tierras. En Europa el protestantismo se extendía, debilitando el poder del Papa y generando una disposición de independencia política y rebelión, especialmente en el estado de los Habsburgo. En 1565 tuvieron que actuar unidos para enfrentarse al asedio otomano contra Malta, pero fracasaron hasta cierto punto, ya que los venecianos se demoraban, no queriendo alterar sus relaciones con el Imperio Otomano, y el resto de las fuerzas tardaron en movilizarse.

El paso de la inactividad a la enérgica actuación tuvo lugar cuando Pío V subió al trono papal. El Papa contrarreformista añoraba la época de las Cruzadas y quería incrementar el poder de la fe cristiana católica tanto frente al Islam como frente al Protestantismo. Pío V para conseguir ayuda se dirigió a Felipe II, quien controlaba, entre otras tierras, Sicilia e importantes partes de la península italiana. Aunque teóricamente estaba a favor del plan, Felipe tenía que enfrentarse tanto a la rebelión de los mauritanos en España como a las revueltas en los Países Bajos. Le prometió al Papa su ayuda, pero esta llegaba lenta y difícilmente. Además, no estaba de acuerdo con el deseo del Papa de incluir Venecia en la Santa Liga, porque era sabido que los venecianos servían exclusivamente sus propios intereses y no vacilaban en eludır sus obligaciones. Finalmente, nadie confiaba en los genoveses, considerados responsables de la derrota en Préveza, pero que seguían sirviendo al Papa a cambio de remuneración.

Región de Grecia Occidental
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